Es probable que la primera imagen en la mente al hablar sobre un baño sea la de un espacio esencialmente funcional, cuyos requerimientos principales son la comodidad, la pulcritud y la higiene. No siempre fue así. Originalmente, incluso antes de la época de los griegos, se veía como un lugar de carácter casi religioso, donde la relación entre el ser humano y el agua, la limpieza y la purificación le daban un halo sagrado. Los romanos, con sus termas y baños públicos le otorgaron un carácter social y político importante, y con la invención del jabón su uso principal se convirtió a la higiene personal.

El baño contemporáneo, heredero de esta larga historia, debe responder a tales funciones. Tiene que ser cómodo, pulcro y fácil de usar, pero a la vez debe inspirar, generar un ambiente para regocijarse con la presencia del agua y ofrecer una sensación de bienestar y gozo. “El baño suele ser un espacio que se esconde, cuando en realidad es el lugar más importante de la casa. En él se comparte, se vive, se disfruta…”, comenta el arquitecto independiente Andrés Juan Hernández, en referencia al carácter hedonista y social que puede llegar a adquirir cuando es adecuadamente diseñado.

En el caso de los baños principales y de habitaciones, utilizados a diario y por periodos significativos, es importante procurar espacios amplios, fluidos y, de ser posible, con acceso a luz y ventilación natural. Cada vez más este ambiente se integra con los “vestieres” e, incluso, directamente con las alcobas para eliminar las barreras, facilitar su iluminación y generar una mejor integración entre las áreas.

En términos de materiales, las soluciones de enchape para estos baños varían de manera significativa, en gran medida gracias la amplia oferta y a las texturas disponibles. La evolución del porcelanato (ideal por su resistencia al agua, durabilidad y limpieza, además de su versatilidad en formatos, colores y texturas) permite ofrecer cualquier escenario imaginable. Este año los grandes tamaños se imponen y elementos como la madera tienen mucha más presencia, casi que cualquier opción es bienvenida. Lo mismo ocurre con las baldosas o azulejos, cuya complejidad gráfica puede ser infinita, generada a través de un proceso constructivo y una elaboración artesanal.

Otra historia muy distinta es la que motiva los diseños de un baño social. De uso menos frecuente, con una menor presencia de agua y humedad, y una espacialidad por lo general más reducida, se convierte en el espacio para experimentar y dejar volar la imaginación. Texturas fuertes y contundentes como el concreto, el ladrillo o la madera; colores oscuros y profundos o tal vez brillantes; combinaciones gráficas y explosivas generadas a partir de papeles de colgadura o azulejos de fuerte colorido les otorgan a estos ambientes un carácter diferenciador, único y singular. Espejos circulares colgados como si fuesen cuadros, obras de arte, lámparas, flores… aquí prácticamente vale todo.

Finalmente, la iluminación. Se debe pensar de manera estratégica, pues se convierte en la cereza sobre el pastel: el toque maestro al momento de garantizarle un carácter especial y diferenciador al baño. Es importante asegurarse de que los niveles de luz sean suficientes para otorgar un uso fácil y cómodo del espacio, pero que a su vez permitan la combinación con algunas luces de carácter escenográfico. Las indirectas en la parte posterior de los espejos, las cintas led para los nichos, las cálidas y de realce… todas hacen que la experiencia del baño sea algo especial. El objetivo: que nuestra estancia resulte sublime, relajante, cálida y acogedora, casi religiosa.