Sencilla y austera. Así es la arquitectura que alberga esta propuesta de interiorismo cargada de elementos tanto artísticos como utilitarios, que evocan los momentos vividos por su propietario.

“El diseño del apartamento, completamente egoísta, es para un soltero”, comenta su dueño, que después de radicarse un tiempo fuera del país, regresó a Colombia y encontró en este lugar el espacio que quería habitar. Ubicado en una zona céntrica de Bogotá y rodeado de ventanales que le ofrecen una vista privilegiada sobre la ciudad y la vegetación circundante, reconoció en su estructura el potencial para llevar a cabo una reforma integral.

El espacio original tenía cuatro habitaciones, que se redujeron a solo dos, muy generosas. Una de ellas es ahora la alcoba de huéspedes, mientras la otra, la principal, goza de un área extensa, con lugar para una sala y una mesa auxiliar. Igualmente amplio es el baño principal. La zona social, que incluye un recibidor, el salón, el comedor, la cocina y un cuarto para la televisión, entre otros, se concibió como un ambiente abierto e interconectado, que le da aire y fluidez a la vivienda y saca el mayor provecho del metraje.

“El lujo más grande de hoy es tener espacio”, le dijo al propietario el arquitecto bogotano Guillermo Arias, quien lo asesoró en el proceso de diseño y desarrollo de los ambientes. Por esta razón, al buscar el sitio para establecerse a su regreso al país, optó por remodelar un apartamento viejo, amplio y generoso, en vez de comprar algo más nuevo y seguramente más pequeño o costoso.

El presupuesto para la remodelación era algo limitado, por lo cual escogió en la intervención una paleta de materiales básicos, austera, tranquila y duradera. Los pisos se plantearon en microcemento, que otorga un carácter sencillo y los hace fáciles de mantener. Esta condición probó ser ideal para albergar los Golden Retriever que llegaron a habitar el espacio. Los muros, pintados de blanco, reflejan la luz y llenan de brillo la totalidad de los ambientes. Y la madera, utilizada en muebles, puertas y objetos decorativos, da calidez a todos los rincones del hogar, mientras trae al presente gratos recuerdos de los tiempos vividos en el occidente de Estados Unidos.

Es así como aparecen el granero, una pieza elaborada a principios del siglo XX, adquirida en una granja del medio oeste norteamericano, y múltiples objetos encontrados en anticuarios de Indiana y Montana, hechos de madera, con diseños sencillos, que exhiben la herencia nórdica/utilitaria de los inmigrantes escandinavos que llegaron a esta zona del país del norte. Los pufs y bancas –también de madera– de la sala, al igual que la cama de la habitación principal, son de la artista norteamericana Alma Allen, cuya obra de formas orgánicas sugiere una afinidad con el paisaje del desierto estadounidense.

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